Cámaras de Eco Parte 3 – Los Peligros de las Cámaras de Eco

En la entrada anterior veíamos que una de las causas de la polarización política podía ser la existencia de ‘Cámaras de Eco’. Varios autores (Garrett 2009; Sunstein 2017; Boxell, Gentzkow & Shapiro 2017) atestiguan dicha influencia en el proceso de polarización política que ha sufrido la sociedad estadounidense en los últimos años. Antes de pasar a exponer algunas de las características propias de las cámaras de eco, así como los problemas que estas pueden conllevar, objetivo principal de esta entrada, conviene distinguir entre las dinámicas deliberativas que se pueden dar en una cámara de eco y lo que Sunstein llama ‘deliberación de enclave’ (Sunstein 2017: 86). Una deliberación de enclave es un tipo de deliberación que se da dentro de grupos aislados formados por personas con ideas similares. Una de las características propias que diferencian las cámaras de eco de este tipo de enclaves tiene que ver con el hecho de que en una cámara de eco la posibilidad de exposición a ideas contrarias es casi nula. En su libro Echo Chamber: Rush Limbaugh and the Conservative Media Establishment, Kath H. Jamieson y Joseph N. Capella definen las cámaras de eco como aquellos ‘medios de comunicación cerrados que tienen el potencial para maginificar los mensajes que producen y aislarlos de posibles refutaciones” (Jamieson & Capella 2010: 76). Esto no tiene por qué suceder en un enclave. Piensa, por ejemplo, en una asociación no-mixta de mujeres orientada a la lucha por la igualdad de género. O en un foro de fervorosos amantes de Tarkovsky y haters de Kubrick. Es muy probable que las personas que integran estos grupos tengan intereses parecidos y algunas ideas similares respecto a ciertos temas. Sin embargo, esto no anula la posibilidad de que sus integrantes se vean expuestas/os a ideas contrarias, o incluso que las busquen premeditadamente. Que compartamos parte de nuestras ideas con ciertas personas no quiere decir que seamos impermeables a las ideas de otras personas que no opinan de manera similar. En resumen, todas las cámaras de eco son enclaves –grupos ideológicos aislados formados por personas con creencias parecidas–, pero no todos los enclaves son cámaras de eco –un grupo ideológico bien definido de personas con creencias similares puede estar expuesto e incluso predispuesto a considerar ideas que no le son afines–. Eso sí, un enclave puede convertirse en una cámara de eco si las dinámicas deliberativas que se dan dentro de él anulan la posibilidad de que las personas que lo integran se vean expuestas a opiniones contrarias a las suyas.

Discutir exclusiva o casi exclusivamente con gente políticamente afín puede conllevar grandes peligros. En primer lugar, estar en un medio en el que nuestras propias ideas se confirman con frecuencia puede llevar asociado una pérdida de criticismo hacia nuestro propio partido –o tendencia política–, así como hacia las propuestas del mismo. Si este fuera el caso, nuestras discusiones políticas podrían no ser muy enriquecedoras. Una de las ideas defendidas por DESAPOL es que para que estas discusiones de hecho lo fueran sería necesario, aunque no suficiente, que discutiéramos con gente que no opina como nosotros. Creemos que estar expuesto a opiniones y puntos de vista distintos a los nuestros es beneficioso a la hora de pensar sobre cuestiones políticas porque posibilita que nuestras ideas sean puestas a prueba, nuestros prejuicios salgan a la luz y, en definitiva, que se compruebe la fuerza de nuestras razones y argumentos. En segundo lugar, si nuestras discusiones políticas suelen darse siempre con personas cuya adhesión política es similar, cada vez tendremos más confianza en esas ideas y, como consecuencia, cada vez seremos más impermeables a las ideas que nos son ajenas, a las ideas que no compartimos. Es decir, discutir siempre o casi siempre con gente que tiene una postura política similar, informarse siempre o casi siempre en medios afines puede producir polarización, entendida esta como impermeabilidad a las ideas y razones ajenas. Sunstein (2017: 71-75) subraya tres posibles explicaciones de este fenómeno. Primero, si los integrantes de un grupo ya comparten una tendencia política concreta, algo que ocurre indudablemente en una cámara de eco, será más posible que ofrezcan más argumentos que justifiquen su postura que a la inversa. Cuanta más justificación de nuestras ideas y opiniones recibamos, mayor será la confianza en dichas ideas y opiniones y, por lo tanto, mayor la probabilidad de que consideremos implausibles las ideas que no compartimos. Segundo, las personas que forman un grupo quieren ser percibidas de manera positiva por los integrantes de ese grupo, así que es posible que no pongan en entredicho la opinión estándar mantenida en el grupo. Cuanto menor sea el número de personas que desafíen las ideas estándar mantenidas dentro de un grupo dado, menor será la exposición de las personas del grupo a ideas no compartidas y, por tanto, mayor será la posibilidad de que las personas que lo integran se impermeabilicen a las ideas de los demás. Y tercero, cuanta más confirmación de una idea u opinión se dé dentro un grupo dado, mayor será el grado de confianza que los integrantes de dicho grupo tendrán en esa creencia. La confirmación aumenta el grado de confianza en nuestras ideas y opiniones, y con ello aumenta la impermeabilidad a las ideas y razones de los demás.

En definitiva, como ya hemos señalado, la existencia de cámaras de eco no solo hace difícil que nuestras ideas sean puestas a prueba y nuestros posibles prejuicios salgan a la luz, sino que también imposibilita la consideración de ideas a las que no estamos habituados/as, ideas que no compartimos. Si queremos tener cada vez mejores ideas, ideas más justificadas, mejores argumentos para defenderlas, ideas y opiniones libres de prejuicios y de posibles sesgos culturales o grupales, entonces debemos huir de las cámaras de eco. Un sistema democrático debería intentar que la deliberación política pública no tenga como efecto la polarización y, para ello, debería minimizar los posibles efectos adversos de las cámaras de eco. Un sistema social democrático tiene que intentar garantizar la posibilidad de tener encuentros casuales con personas que no piensan como nosotros. Como Eli Pariser dice en su libro The Filter Bubble: What the Internet is Hiding from You: “La democracia requiere que la ciudadanía vea las cosas desde puntos de vista ajenos, pero en vez de eso cada vez estamos más y más enclaustrados en nuestras propias burbujas. La democracia requiere confianza en hechos compartidos; en vez de eso se nos están ofreciendo universos paralelos pero separados” (Pariser 2011: 5). Ser retado y cuestionado es duro. Sin embargo, a la larga nos hace personas con ideas más diversas, con menos prejuicios y sesgos, personas más abiertas a considerar las ideas y razones de los demás.

 

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